miércoles, 31 de agosto de 2016

The little prince chapter 2

The Little Prince: Chapter 2

Chapter 2

So I lived my life alone, without anyone that I could really talk to, until I had an accident with my plane in the Desert of Sahara, six years ago. Something was broken in my engine. And as I had with me neither a mechanic nor any passengers, I set myself to attempt the difficult repairs all alone. It was a question of life or death for me: I had scarcely enough drinking water to last a week.

The first night, then, I went to sleep on the sand, a thousand miles from any human habitation. I was more isolated than a shipwrecked sailor on a raft in the middle of the ocean. Thus you can imagine my amazement, at sunrise, when I was awakened by an odd little voice. It said:

"If you please-- draw me a sheep!"


"Draw me a sheep!"

I jumped to my feet, completely thunderstruck. I blinked my eyes hard. I looked carefully all around me. And I saw a most extraordinary small person, who stood there examining me with great seriousness. Here you may see the best potrait that, later, I was able to make of him. But my drawing is certainly very much less charming than its model.

That, however, is not my fault. The grown-ups discouraged me in my painter's career when I was six years old, and I never learned to draw anything, except boas from the outside and boas from the inside.

Now I stared at this sudden apparition with my eyes fairly starting out of my head in astonishment. Remember, I had crashed in the desert a thousand miles from any inhabited region. And yet my little man seemed neither to be straying uncertainly among the sands, nor to be fainting from fatigue or hunger or thirst or fear. Nothing about him gave any suggestion of a child lost in the middle of the desert, a thousand miles from any human habitation. When at last I was able to speak, I said to him:

"But-- what are you doing here?"

And in answer he repeated, very slowly, as if he were speaking of a matter of great consequence:

"If you please-- draw me a sheep..."

When a mystery is too overpowering, one dare not disobey. Absurd as it might seem to me, a thousand miles from any human habitation and in danger of death, I took out of my pocket a sheet of paper and my fountain-pen. But then I remembered how my studies had been concentrated on geography, history, arithmetic, and grammar, and I told the little chap (a little crossly, too) that I did not know how to draw. He answered me:

"That doesn't matter. Draw me a sheep..."

But I had never drawn a sheep. So I drew for him one of the two pictures I had drawn so often. It was that of the boa constrictor from the outside. And I was astounded to hear the little fellow greet it with,

"No, no, no! I do not want an elephant inside a boa constrictor. A boa constrictor is a very dangerous creature, and an elephant is very cumbersome. Where I live, everything is very small. What I need is a sheep. Draw me a sheep."

So then I made a drawing.

He looked at it carefully, then he said:

"No. This sheep is already very sickly. Make me another."

So I made another drawing.

My friend smiled gently and indulgenty.

"You see yourself," he said, "that this is not a sheep. This is a ram. It has horns."

So then I did my drawing over once more.

But it was rejected too, just like the others.

"This one is too old. I want a sheep that will live a long time."

By this time my patience was exhausted, because I was in a hurry to start taking my engine apart. So I tossed off this drawing.

And I threw out an explanation with it.

"This is only his box. The sheep you asked for is inside."

I was very surprised to see a light break over the face of my young judge:

"That is exactly the way I wanted it! Do you think that this sheep will have to have a great deal of grass?"


"Because where I live everything is very small..."

"There will surely be enough grass for him," I said. "It is a very small sheep that I have given you."

He bent his head over the drawing:

"Not so small that-- Look! He has gone to sleep..."

And that is how I made the acquaintance of the little prince.

Japanese version

そんなわけで、僕はずっと独りぼっちだった。いや、本当の意味で独りぼっちだったと言った 方が正しいかもしれない。ただ自分の心を誰にも開けられないまま、今から6年前、何かがちょ っとおかしくなって、砂漠の真ん中に落ちてしまった。 僕の飛行機のエンジンの中で、何かが壊れていたんだ。僕には、看てくれるひとも、同乗者も いなかったから、うまくなおせるかわからなかったけど、全部ひとりでなんとかやってみること にしたんだ。それで僕の生死、未来が決まってしまうから。その時、僕が持っていた飲み水は、 たった7日分しかなかった。 1日目の夜、僕は砂の上で眠っていた。その場所は、人の住んでいるところからは、遥か遠くに 離れていた。海のど真ん中、いかだで彷徨っている人よりも、ずっと独りぼっちだったと思う。 だから、そのあと僕がびっくりしたのも、みんなわかってくれると思う。日が昇るころ、僕は、 不思議なかわいらしい声で起こされたのだから。 「ねぇ、ヒツジの絵を描いて!」と耳元で声がした。 「えっ?」と僕が目をまん丸くしていると、 「ねぇ、ぼくにヒツジの絵を描いて」とその男の子は、僕にお願いしていた。 まるで雷にでも打たれたみたいに、僕は飛び起きた。何度も目をこすって、しっかり目の前を 見る。すると、そこには不思議な男の子が一人、何か思いつめた様子で、僕のことをじっと見つ めている。あとになって、この男の子の姿を、思い出せる限り絵に描いてみた。でもきっと僕の 絵は、実際の魅力にはかなわない。ここで断っておくけど、僕が悪いんじゃない。六歳の時、大 人たちのせいで絵描きになる夢をあきらめちゃったから、それからずっと絵を描いたことがなか ったんだ。中の見えないボアの絵と、中の見えるボアの絵を描いたっきりね。

それはともかく、いきなり男の子が出てきて、僕は目をまるくした。その場所は、人の住んで いるところから遥か遠くに位置していたんだから。でも、男の子は、道に迷ったようでも、疲れ たようでも、お腹が空いているようにも、喉が乾いているようにも、何かに恐怖しているように も見えなかった。人の住んでいるところから遥か彼方、砂漠の真ん中で、迷子になっている。そ んな感じは、男の子にはどこにもなかった。 やっとのことで、僕はその男の子に声をかけることができた。 「キミは、ここで何をしているの?」 すると、男の子は、僕の質問には答えず、もう一度、 「ねぇ、ヒツジの絵をかいて」と僕にお願いしてきた。 ものすごく不思議だけど、だからやってしまうことがある。なんだかよくわからないけど、人 の住んでいるところから遥か彼方で死ぬかもしれないのに、僕はポケットの中から紙とペンを取 り出した。でも、僕は地理や歴史、算数や国語ぐらいしか習っていないので、僕はその男の子 に(ちょっとしょんぼりしながら)「絵を習ったことがないんだ」と言うと、男の子はこう答 えた。 「大丈夫。ヒツジの絵を描いて。」 ヒツジの絵なんて一度も描いたことがなかったから、僕は、僕の描ける二つの絵のうち、一つを男の子に描いて見せた。中の見えないボアの絵だった。そのあと、男の子の言葉を聞いて、僕 は本当にびっくりした。 「違うよ!ゾウをお腹の中で消化しているボアなんて欲しくない。ボアはとっても危ないんだ。 ゾウなんて大き過ぎて邪魔だよ。僕んち、すごく小さいんだ。だからヒツジが欲しいんだ。ねぇ ヒツジを描いて」 僕は、男の子の答えにびっくりしながら、ヒツジを描いてみた。

初めて描いた羊の絵を僕が差し出すと、その男の子は絵をじっと見つめて一言。 「こんなヒツジ欲しくない!このヒツジ、もう病気なんかじゃないの。もう一度、描いてよ」 僕はもう一度、ヒツジの絵を描いてみた。

男の子は、あきれたように笑った。 「見てよ。これも、ボクの欲しいヒツジじゃないよ。角のある荒っぽいヒツジなんかいらないよ 。もう一度」 僕は、男に言われるまま、またヒツジの絵を描きなおした。

だけど、前のと同じで、だめだと言われた。 「これ、 ヨボヨボじゃないか。ボクが欲しいのは長生きする従順なヒツジなんだ。さぁもう一度 」 もう僕は我慢できなかった。僕は早く故障した飛行機のエンジンをバラバラにして、直さなき ゃいけなかった。だから、ささっとこういう絵を適当に描いたんだ。

僕はぶっきらぼうに男の子に言った。 「ほら、王子さま。キミの欲しいヒツジはこの中にいるよ」 無理難題を投げかけてくるこの男の子のことを僕は皮肉を交えて『王子さま』と呼ぶことにした んだ。 びっくりしたことに、この箱の絵を見て、王子さまは目をきらきら輝かせたんだ。 「うん、ボクはこういうヒツジが欲しかったんだよ。ありがとう。このヒツジ、草たくさんたべ るかなぁ?」 「どうして?」と僕が聞くと、 「だって、ぼくんち、とても小さいんだもん」と王子さまは答えた。 「きっと大丈夫だよ。キミにあげたのは、とても小さなヒツジだから」 王子さまは、顔を絵に近づけた。 「言われるほど、そんなに小さくないよ。あ!眠っちゃった」 僕は王子さまとこうして出会ったんだ。

Spanish version

Viví así, solo, nadie con quien poder hablar verdaderamente, hasta cuando hace seis años tuve una avería en el desierto de Sahara. Algo se había estropeado en el motor. Como no llevaba conmigo ni mecánico ni pasajero alguno, me dispuse a realizar, yo solo, una reparación difícil. Era para mí una cuestión de vida o muerte, pues apenas tenía agua de beber para ocho días. La primera noche me dormí sobre la arena, a unas mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Estaba más aislado que un náufrago en una balsa en medio del océano. Imagínense, pues, mi sorpresa cuando al amanecer me despertó una extraña vocecita que decía: — ¡Por favor... píntame un cordero! —¿Eh? —¡Píntame un cordero! Me puse en pie de un salto como herido por el rayo. Me froté los ojos. Miré a mi alrededor. Vi a un extraordinario muchachito que me miraba gravemente. Ahí tienen el mejor retrato que más tarde logré hacer de él, aunque mi dibujo, ciertamente es menos encantador que el modelo. Pero no es mía la culpa. Las personas mayores me desanimaron de mi carrera de pintor a la edad de seis años y no había aprendido a dibujar otra cosa que boas cerradas y boas abiertas.

Miré, pues, aquella aparición con los ojos redondos de admiración. No hay que olvidar que me encontraba a unas mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Y ahora bien, el muchachito no me parecía ni perdido, ni muerto de cansancio, de hambre, de sed o de miedo. No tenía en absoluto la apariencia de un niño perdido en el desierto, a mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Cuando logré, por fin, articular palabra, le dije: — Pero… ¿qué haces tú por aquí?

Y él respondió entonces, suavemente, como algo muy importante: —¡Por favor… píntame un cordero! Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer. Por absurdo que aquello me pareciera, a mil millas de distancia de todo lugar habitado y en peligro de muerte, saqué de mi bolsillo una hoja de papel y una pluma fuente. Recordé que yo había estudiado especialmente geografía, historia, cálculo y gramática y le dije al muchachito (ya un poco malhumorado), que no sabía dibujar. —¡No importa —me respondió—, píntame un cordero! Como nunca había dibujado un cordero, rehice para él uno de los dos únicos dibujos que yo era capaz de realizar: el de la serpiente boa cerrada. Y quedé estupefacto cuando oí decir al hombrecito: — ¡No, no! Yo no quiero un elefante en una serpiente. La serpiente es muy peligrosa y el elefante ocupa mucho sitio. En mi tierra es todo muy pequeño. Necesito un cordero. Píntame un cordero. Dibujé un cordero. Lo miró atentamente y dijo:

—¡No! Este está ya muy enfermo. Haz otro. Volví a dibujar.

Mi amigo sonrió dulcemente, con indulgencia. —¿Ves? Esto no es un cordero, es un carnero. Tiene Cuernos… Rehice nuevamente mi dibujo: fue rechazado igual que los anteriores.

—Este es demasiado viejo. Quiero un cordero que viva mucho tiempo. Falto ya de paciencia y deseoso de comenzar a desmontar el motor, garrapateé rápidamente este dibujo, se lo enseñé, y le agregué:

—Esta es la caja. El cordero que quieres está adentro. Con gran sorpresa mía el rostro de mi joven juez se iluminó: —¡Así es como yo lo quería! ¿Crees que sea necesario mucha hierba para este cordero? —¿Por qué? —Porque en mi tierra es todo tan pequeño… Se inclinó hacia el dibujo y exclamó: —¡Bueno, no tan pequeño…! Está dormido… Y así fue como conocí al principito.

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